Este post supone una continuación de Mi recorrido como inversor (I parte) donde relaté mis comienzos como inversor a los 18 años, mis primeros errores, y algunos aprendizajes obtenidos.

Citando García Marquez «La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla». Trataré pues en este artículo de hacer un recorrido por mi periplo inversor desde 2015 a 2107 como lo recuerdo a día de hoy esperando ser lo más fidedigno posible, revisando la evolución de mi filosofía de inversión, mostrando como ejemplo algunas de las operaciones realizadas, y mencionando algunas de las lecturas y personas que mas me influenciaron en dicho periodo.

2015 fue un año de gran trascendencia para mi tanto en lo personal como en mi trayectoria como inversor. Nació mi hijo y me encontré con la inversión en valor, no sabría decir si fruto de la casualidad o causalidad. Es algo recurrente en mi vida que estando yo enfrascado en un periodo de duda, crisis o instrospección se produzca el encuentro con algún blog, persona o libro  que pareciera diseñado a medida para respoder a mis inquietudes. Sirva como ejemplo de ello googlear sobre ayuno intermitente y llegar al foro  Buscando la libertad (recientemente desactivado por el autor) que resultó una valiosa fuente de  información y debate ya no sobre ayuno intermitente sino sobre inversiones bursátiles, inmobiliarias, investigaciones médicas o programación informática. Quizá como dijera Voltaire “La casualidad no es, ni puede ser más que una causa ignorada de un efecto desconocido”

Fue en este foro donde empecé a leer sobre value investing, inversión a largo plazo, donde conocí a Bestinver y sus conferencias anuales, o donde descubrí que había un libro al que llamaban la “biblia” del value investing, El Inversor Inteligente de Benjamin Graham. Así que este fue el primer libro de inversión que leí y además en su versión en inglés, idioma en que me desenvuelvo relativamente bien pero que no domino a la perfección. Siendo un libro tremendamente valioso quizá no sería el que a día de hoy recomendaría como primera lectura a quien desee iniciarse en el mundo de la inversión. En los meses siguientes le siguieron Contrarian Investment Strategies de David Dreman, Security Analysis de Graham y Margin of Security de Seth Klarman . Todo lo que leía sobre la inversión en valor, ver las acciones como lo que son, parte alicuota de una empresa, conceptos como el margen de seguridad, la alegoría de Mr Market me parecían tan de sentido común que pasaron a formar parte de mis modelos mentales con total naturalidad como quien tras conocer a una persona la siente en pocas horas como si se tratara de un viejo amigo. De la mano de Graham, Klarman o Dreman adopté la inversión en valor contrarian, el deep value , para aquellos que gusten de etiquetas, como filosofía inversora(explicado con detalle por Ezra Crangle en el enlace a Academia de inversión) poniendo el foco principalmente en esta fase en el precio, ignorando en parte que el margen de seguridad no viene tan sólo de comprar barato.

Con este batiburrillo de ideas en mente creía haber dado un gran salto como inversor y comencé a construir una cartera digna de un inversor contrarian,  como tenía a gala considerarme por aquel entonces, concentrada en tres empresas Miquel y Costas(papel para el odiado sector tabaco), Cie Automotive(sector auto), Mota Engil (constructora portuguesa endeudada con ingresos provenienentes de África ) y dos ETFs, Global X Nigeria(país dependiende del petroleo donde Boko Haram se paseaba poniendo bombas y secuestrando niñas) y United States Oil Fund (cuando era el fin del petroleo y se dirigía a los 20$) , obteniendo una rentabilidad del entorno del 30% en apenas un año y resultando Mota Engil mi primer bagger.

Resulta habitual, al menos en mi caso, que al adquirir nuevos conceptos o modelos mentales tendamos a sobrevalorar nuestros nuevos conococimientos, lo que resulta hasta cierto punto lógico ya que con respecto a nuestro estadio anterior sentimos un gran avance. Por suerte, personalmente esta sensación no perdura mucho en mi ya que o bien el mercado o las siguientes lecturas se encargan de ponerme en mi sitio. Realmente es uno de los aspectos que mas fascinantes me resulta sobre el aprendizaje en este y otros campos, como la conciencia de no saber apenas nada va en aumento cuanto mas profundizas.

Por aquel entonces, fruto de un insight “prodigioso” tuve una “brillante” idea (en la que tengo la intuición algo tuvo que ver la comunidad del pajarito azul). Me pareció que para medirme con los gestores profesionales era sensato o al menos “justo” jugar con unas reglas similares a las suyas, por lo que me lancé a la frenética carrera de construir una cartera “comparable” a la de todo profesional que se precie(30 o 40 valores, small caps, turnoarounds, sectores deprimidos y todo eso de lo que gustamos en el afamado value patrio y twittero), desición de la que se derivan buena parte de los errores cometidos en esos años. Haciendo de abogado del diablo quisiera exponer brevemente el proceso “lógico” que hubo tras esa sabia desición. Por aquel entonces, y aún hoy día, las lecturas de Nassim Taleb y Daniel Kahneman causaron un gran impacto en mí , azar, suerte, cisnes negros, probabilidad , incertidumbre, etc son términos que me calaron profundamente. Esto unido a que por aquella epoca fanteseaba a menudo con la idea de gestionar algún día mi propio vehículo de inversión me llevó a pantearme cuestiones como ¿Si mi cartera estaba conformada por apenas tres o cuatro valores, hasta que punto la rentabilidad resultante no dependía del azar o la suerte en que tan solo una de las acciones elegidas fuera una acción ganadora? ¿Que credibilidad tendría ante el público un track record de una persona que en los últimos 10 años hubiera batido a los índices con una cartera conformada por Google o Amazon por ejemplo(o peor aún Mota Engil) y dos o tres empresas mas con rentabilidades mediocres? ¿Y lo que me generaba mas inquietud, hasta que punto podría sacar yo mismo conclusiones confiables de esta comparativa? Es cierto que esta desición tuvo consecuencias positivas como una intensa dedicación a formarme mejor, llegando a leer mas de cincuenta libros en un año, ver todas las conferencias de Bestinver , leer cartas anuales de Graham y Buffett, descubrir mágnificos blogs como el de Víctor Morales, Finanzasmanía , El Farmacéutico Activo, CazadividendosMucho Invertir…y mi espacio de referencia, Más Dividendos, donde me enamoré a primera vista de la filosofía vital e inversora de Jvas, de la integridad y sencillez de @maal2al(Aoshi)  y del talento de @arturop , @Dangates @Dblanco, @ruben1985 @Cygnus y tantos otros pero no lo es menos que también llevo aparejadas otras menos halagueñas como el  descuido de mi salud ya de por sí frágil(dormía a lo sumo 4-5 horas para poder leer sin restar tiempo a mi vida familiar y leía varios libros a la vez de análisis de empresas, de psicología financiera o de filosofía estoica obsesionado con aplicar el interés compuesto a mi aprendizaje) o la toma de atajos tomando prestadas tésis de inversión de Azvalor, Cobas o True Value sin el due diligence apropiado (CTT o New Gold son ejemplos de ello).

No recuerdo si estaba leyendo  Un paso por delante de Wall Street  (que pese a encantarme tampoco recomendaría como primer contacto con la inversión pues puede inducir quizá a creer que basta con ir a dar una vuelta por el centro comercial para ser el próximo Lynch) en el momento de la compra pero es bastante probable que me influyera en la desición de añadir Ab Inbev como primera acción para diversificar/”profesionalizar” mi cartera. Salir de tapas, las charlas de barra de bar son parte indisociable de mi forma de estar en el mundo así que tras leer “No hay que ser un lince para descubrir las empresas cuya actuación será espectacular antes de que lo haga la bolsa, basta con prestar atención en el trabajo o en el centro comercial del vecindario. Es casi imposible ser un ciudadano y consumidor moderno sin haber hecho algunos análisis fundamentales sobre diferentes compañias” tiene sentido invertir en la mayor productora de cerveza mundial, de la que salí meses después con mas “suerting que timing”, que diría Miguel De Juan.

A las ya mencionadas se unieron entre otras  Gilead Science, New Gold, Mckesson, Schlumberger, Teekay LNG, Zodiac Aerospace, Rite Aid, Figeac Aero, BMW preferentes, General Motors, Sonae, CTT, BME, Zardoya Otis o Cisco llegando a rondar la cuarentena al mas puro estilo Peter Lynch en su Magellan. Intentar seguir exhaustivamente una cartera de dicho tamaño sin dedicarte profesionalmente a ello, ejercer como profesor de secundaria, dedicar el tiempo necesario a mi familia y querer desarrollar a la vez una labor de educación financiera con pareja, hermano o cuñado (¿Por qué invierto? Mi cuñado y Sanderson Farms) me costó no pocas crisis de migrañas y noches de insomnio. Pese a ello, considero esta etapa como una de las mejores de mi vida, por intensamente vivida, y no me arrepiento del camino recorrido. No fue el cansancio lo que hizo que a lo largo del 2017 cierta incomodidad, inquietud fuera creciendo dentro de mi entrando de nuevo en una fase de instropección sobre la idoneidad del proceso. Leyendo a Charlie Munger, Chuck Akre, Tom Russo, Terry Smith y grandes de Mas Dividendos como @Fernando, @quixote1 y su gallina de los huevos de oro, @emgocor y su Vagüe Investing, encontré el remedio a mi desasosiego, menos cíclicas y turnarounds y mas compounders.

Dejo para otro post los cambios en cartera y actitud que está suponiendo este nuevo giro en mi filosofía inversora. Como no agradecer el tiempo dedicado a quienes leáis estas lineas y como dijera el gran John Bogle recientemente fallecido Stay the course.

 

 

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